En la escritura son determinantes el grito, la irrupción, la ruptura  tanto como el silencio”

Entrevista a Salvador Medina Barahona

Por: Glenda Silva

Conocí  a Salvador Medina Barahona como profesor de poesía en el Diplomado Internacional de Creación Literaria de la Universidad Latina de Panamá. A todos nos sorprendió la pasión con que dictaba su materia. ¡Parecía que la poesía resucitaba en sus palabras! Compartió un poema suyo musicalizado e hizo que todos mis compañeros, incluidos los que  estaban interesados solo en cuento, terminaran escribiendo  poesía.

Así que me dije: Qué mejor que empezar esta página entrevistando a quien ya es, a pesar de su juventud, uno de los poetas más reconocidos de Panamá.

ALGO SOBRE SU BIOGRAFÍA  LITERARIA

Salvador Medina

Salvador Medina

Salvador Medina Barahona nace en Mariabé de Pedasí, provincia de Los Santos, el 9 de noviembre de 1973. Es poeta, ensayista, y dramaturgo inédito.  Autor de seis libros de poesía; entre ellos, Pasaba yo por los días, Premio Nacional de Literatura “Ricardo Miró” 2009, el más prestigioso de las letras panameñas. Ha recibido también los premios: Centroamericano de Literatura “Rogelio Sinán” (Mención de Honor, 2001-2002), y el Nacional de Poesía “Stella Sierra” (2000).

Ensayos, artículos, reseñas, entrevistas y poemas suyos han aparecido en numerosos diarios, revistas y suplementos literarios de Panamá, México, Venezuela, Argentina, Nicaragua, Estados Unidos y España. Traducidos, hasta la fecha, al inglés, francés y ruso, sus poemas forman parte de múltiples antologías de poesía panameña e hispanoamericana; entre ellas, “Jinetes del aire, poesía contemporánea de Latinoamérica y el Caribe”, y Poésie Panaménne du XXe Siècle (“Poesía panameña del siglo XX”), de Olver Gilberto De León, profesor de la Universidad de la Sorbona, Francia.

Embajador cultural de Panamá tanto en ferias del libro como en festivales de poesía en diversos países. En 1990, como becario de la Sociedad Estatal Quinto Centenario de España, recorre la ruta del IV Viaje de Cristóbal Colón, experiencia que sería determinante en la consolidación de sus nexos con el arte y la cultura.

 

Las Universidades Latina y Tecnológica de Panamá lo mantienen en su nómina de profesores de Escritura Creativa.

 

 EL GESTOR CULTURAL

 Ha estado inmerso en diversos proyectos, como la Revista Literaria Letras de Fuego.  Asociado a la organización del Festival Internacional de Poesía de Panamá, “Ars Amandi, en busca de lo humano”, de cuyas tres primeras versiones participó en calidad de organizador, en la actualidad dirige el proyecto “El duende gramático: letras, arte, cultura”, y mantiene activos dos blogs de poesía y reflexión literaria: “El astillero del duende” y “Mire usted la vaina que es escribir”.

SUS LIBROS

Salvador Medina Libros

Salvador Medina Libros

 Mundos de sombra (poesía,1999), Viaje a la península soñada (poesía, 2000), Somos la imagen y la tierra (poesía, 2002),Cartas en tiempos de guerra (poesía, 2002), Vida en la palabra vida en el tiempo (textos críticos, 2003), Construyamos un puente, 31 poetas panameños nacidos entre 1957 y 1983 (compilación de poesía, 2004), La hora de tu olvido (poesía, 2008), Pasaba yo por los días (poesía, 2010) y Los versos del duende (audiolibro:CD de poesía, 2011).

LA ENTREVISTA

GS: Cuando leemos alguno de tus primeros libros, se trate de Mundos de sombra o de Vida en la palabra vida en el tiempo, nos damos cuenta de que irrumpes en la literatura con muchísima fuerza. ¿Cómo sale a la luz ese escritor irreverente? ¿Fue algo que se dio poco a poco, o alguien te convenció de que lo hacías bien?

SMB: Al menos para mí, si no hay sacudida no hay literatura. No se trata de estremecer o ser estridente por el simple gusto de serlo. Se trata de dialogar con carácter. Es bueno tener claro que en la escritura son determinantes el grito, la irrupción, la ruptura  tanto como el silencio: en la sumatoria de todos ellos es donde se templa el carácter. Es lo que algunos llaman estilo. Mis primeros libros fueron mi propuesta de ira subversiva, de irreverencia, como bien lo señalas. Dije las cosas con dureza, incluso con cierto desparpajo, pero intenté ser honesto, consecuente conmigo y mis circunstancias. No dejé por ello de ser un mentiroso. Poeta que no miente no es poeta. Es cualquier otra cosa menos un poeta. La poesía es la más bella y sublime de las mentiras y si haces comunión con su magia tendrás que mentir, alterar la realidad, tergiversar los sueños. Ahora que lo pienso, esas fueron las señales de que, pese a mi caos interior, estaba dotado de un pulmón vitalísimo que me ayudó a tragarme el mundo por la nariz y devolverlo con arrojo al papel, como un dragón que echa fuego por las cavidades de su hocico hasta incendiar las páginas. Ahora bien, eso no es suficiente. Se requiere, para crecer, una mirada atenta, libre de las llamaradas impetuosas que suelen extinguirse con rapidez. Hacer, además, una lectura emocionada de los otros se hace más que un compromiso necesario, urgente. Por eso hice poesía de la poesía, reescritura de los textos de otros en unos breves ensayos literarios en los que dialogué con la alteridad y empecé a encontrarme. Como en todo proceso creativo, hubo ascensos, descensos, obsesiones, abandonos. En semejantes condiciones, nadie más que tú deberías decirte si está bien lo que haces. Primero, porque las valoraciones de los otros tienden a estar mediatizadas, huérfanas de la peripecia personal, e insuficientes. Segundo, porque no debes depender de los espaldarazos engañosos o las detracciones envilecidas. Lo debes reconocer tú mismo en lo más profundo de tu ser. Allí donde habita el fuego sagrado de la escritura.

GS: En tus poemas se puede descubrir a un hombre tierno, con una gran sensibilidad, pero también aflora un ser humano impetuoso, que no hace concesiones y dice lo que piensa con una integridad poco común. Eres capaz de denunciar cualquier hecho injusto a través de la palabra. ¿Qué tienes que decir al respecto?

Salvador Medina Entrevista

Salvador Medina Entrevista

SMB: Que me has pillado. Que has hecho una buena lectura de mí,  ya no tanto de lo que digo, sino de cómo lo digo. Soy, en efecto, un ser humano impetuoso, pasional, armado hasta los dientes con las emociones más contrastantes. De lo contrario, no sería poeta. Pero digamos que todo eso debe ser canalizado. Neruda habló de una emoción dirigida. Ese ejercicio te quita las brumas de los ojos, te adormece un poco el frenesí y deja que funcionen en ti las luces largas de la visión. Es inevitable, entonces, ser íntegro, no rajarse, decir sin ambages lo que se tiene que decir, pararse ante las injusticias en estado de auténtica presencia y con el pecho abierto, muchas veces en defensa del alguna causa perdida.

GS: Tu libro La hora de tu olvido,  que para mí es uno de los más conmovedores que has escrito, sobre todo por el dolor de la muerte de tu padre, ¿supuso un gran reto para ti?  Cuando lo terminaste, ¿sentiste que habías hecho una catarsis, o quedaste tan desgastado interiormente que hiciste una pausa?

SMB: Creo que La hora de tu olvido ha sido el mayor de  mis retos hasta ahora. Tuvo la doble dificultad del fondo y la forma. Fue un libro que me dolió. Se trata de una bitácora de despedida, de una experiencia que llegó a paralizarme. Mi primera gran muerte. (Luego han venido otras, dolorosas también; pero esa me hizo convertirme en hombre; es decir, me forzó a crecer.) Sentí angustia, miedo. Estuve a punto de quemarlo. Me causaba alta tensión, mareos, vértigo; hasta el cabello se me caía. Todo aquello entre las punzadas inclementes del frío invierno de Chicago. Pero ganó la ternura, el recuerdo, la gesta memoriosa. Darle tratamiento formal a un tema tan difícil me obligó a plantearme una nueva manera de escribir. Tuve severos episodios de autocrítica. Fue castrante. Me exigí ser transparente, conciso, sin dejar de lado el mundo de las imágenes poéticas, esos recursos que hacen que tu expresión tenga vuelo, algo de fascinación. Me propuse decir lo que tenía que decir. Ni una sola palabra de más. Ni una de menos. Me alejé de los peligros de la sensiblería barata, muy comunes en los caminos de la poesía de tipo amoroso o elegíaco. Fue a la postre, sin duda, una catarsis terapéutica. Y, sí, hubo un enorme desgaste que me llevó a callar durante cinco años. No significa que dejé de escribir. De hecho tengo un libro que escribí casi a continuación como para matizar la experiencia. Es un trabajo aún inédito que pronto saldrá a la luz. Lo que más bien hice entonces fue que dejé de publicar, de abrir la boca en público. Aparte de que vivía en un ambiente donde era un perfecto desconocido. Mientras leía por horas en la biblioteca de la Northen Illinois University, veía cine o armaba mis primeras y ya extintas páginas web, me exilié de la escena de las publicaciones y los recitales cuando la pausa era una cosa inevitable. Fue como un voto de silencio obligatorio. Igual me hacía falta un hondo respiro en la noche callada y solitaria.

GS: Los que conocemos a Salvador, el poeta, sabemos que, cuando ha terminado de escribir un poema, le gusta leerlo en voz alta. ¿Acaso está más unida la poesía a la música de lo que pensamos?

SMB: No te quepa duda, Glenda. Si suena bien, está bien, diría Borges. No hay poesía sin música. Lees en voz alta para detectar problemas de ritmo, ripios, cacofonías, ruidos incompetentes, disonancias. Cuando nada de eso estorba, puedes decir que hay un buen poema entre tus manos. Te lo dice el oído de la voz, o la voz del oído, como lo prefieras. Es un ejercicio sinestésico en el que también te diviertes.

GS: ¿Todavía esperas escribir tu obra maestra, o crees que ya la has escrito?

SMB: La obra maestra siempre está por escribirse. Es más, yo pienso que la escribimos después de muertos.

GS: Con todos los diplomados, talleres y seminarios en materia literaria que se han estado dando durante los últimos años en Panamá, ¿dirías que hay un renacer de las letras aquí?

SMB: Las artes en general están siempre en ebullición. A veces el hervor es tímido, a veces amenaza con desbordar la olla. Lo que quiere decir que hay épocas en las que es más notoria su presencia ante el público, que anda entre el entusiasmo y la indiferencia. Como ahora. Ahora bien, recuerda que no venimos de la nada. En nuestra literatura hay obras que deben ser exhumadas, reimpresas, porque son los antecedentes memorables de todo este avispero que nos está dando frutos tan disímiles, provenientes del talento y el afán de reinas, obreras y zánganos. Pero hay que ver que nosotros somos raros. Muy raros. Si no hacemos lo suficiente, decimos que algo anda mal, que aquí no se escribe, que aquí no hay arte; si, por el contrario, se dan a la publicidad más obras de las que en realidad podemos asimilar, también algo anda mal. ¡Carajo!, que cada quien siembre lo que le parezca, que si aflora en tierra fértil ya es ganancia. Si no, que se pudra de raíz y punto; así de simple. Los mejores viñedos suelen crecer en los terrenos más hostiles. Algunas veces las uvas habrán de ser ácidas, de muy mal gusto. Pero llegará el momento de las uvas dulces, del buen vino.  Otra vez. Como antes. No olvides que todo es antes. Hoy es antes. Mañana es antes. Ignorar el pasado es mutilar la vid de nuestro presente, pisotearla sin posibilidad de futuro.

GS: ¿Qué les dirías a los jóvenes que no han descubierto el maravilloso mundo de los libros?

SMB: Que abran alguno de vez en cuando, tan solo por curiosidad. Así sea en los nuevos formatos electrónicos. Que allí tendrán el espejo de sus miserias y sus alegrías.

“Pasaba yo por los días”

“Pasaba yo por los días”


GS
: Acabas de relanzar tu libro Pasaba yo por los días, cuéntame un poco sobre eso

SMB: Tenía una deuda pendiente con este poemario. En primer lugar, estaba agotado. En segundo quería llevarlo a la reedición dentro de los más altos estándares de calidad editorial posible. Su primera edición fue, en este aspecto, bastante deficiente…pero no voy a hablar de eso ahora. Creo que mi objetivo se logró gracias al trabajo conjunto del escritor y diseñador gráfico Jairo Llauradó, la fotógrafa e ilustradora Kat Yurchenko ( quién tomó la foto de portada) y el ojo clínico del duende gramático, sello editorial de soporte. Fue un tiraje pequeño;  tanto que ya se agotó de nuevo. Estoy por imprimirlo en el futuro próximo, agregando las palabras de presentación que me hiciera la excelente escritora Danae Brugiati Boussounis, quién recién se ha revelado como una cuentista de primer nivel.

En cuanto al contenido, que el lector lo juzgue por su cuenta; pero debo agradecer y reconocer las valoraciones críticas liminares y epilogares de escritores amigos, que admiro y estimo grandemente: Manuel Orestes Nieto, Jairo LLauradó, Javier Alvarado, Gorka Lasa Tribaldos, Javier Medina Bernal y Margarita Carballeda ( de España).

También se incluye el fallo valorativo de cuando le fue otorgado el Premio Ricardo Miró 2009 en la sección Poesía, que se hizo unánime en las voces de los poetas Arysteides Turpana, de Panamá; Winston Orillo de Perú, y Jorge Galán, de El Salvador ( este último, premio Adonáis de Poesía, uno de los galardones más prestigiosos en lengua castellana).

Después de haber escuchado a Salvador, de haber leído parte de sus libros, y haber trabajado con él algún tiempo,  puedo darme cuenta de que estoy ante la presencia de un escritor que con el pasar de los años será, sin duda, considerado uno de los más grandes que ha dado Panamá, y permanecerá no solo por sus letras sino por la fuerza de su personalidad, de ser él mismo sin amoldarse a nadie ni a nada, y por atreverse a seguir escribiendo poesía en un tiempo y en un mundo que casi se ha olvidado de los sueños.

Como discípula suya, aprendí que hay que escribir, re-escribir, corregir, y seguir corrigiendo hasta que el texto sea “carne y tendón”, tenga musicalidad implícita y, sobre todo, belleza en las palabras.

Para mí, su mensaje es claro, contundente: No tener miedo de ser como somos, buscando, en lo profundo de nosotros mismos, el  abrasador fuego de la escritura.

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